Viajar con calma y alma: lo que aprendí en 20 días en California

A menudo oímos que las vacaciones son un tiempo para descansar. Pero, ¿realmente descansas cuando viajas?

Durante mi último viaje a California -a finales de diciembre y en la primera semana de enero- probé algo diferente. Pasé por Los Ángeles, visité las bodegas de Napa Valley y Sonoma, y acabé en San Francisco, una ciudad que siempre ha estado en mi lista de deseos.

Y entre viaje y viaje, me acordé de un libro que leí en la universidad: La sociología del turismo, de Jost Krippendorf. El autor habla del verdadero descanso: el que sólo se produce cuando le das a tu cuerpo tiempo para ralentizarse, adaptarse y, finalmente, descansar. Según él, esto empieza a suceder realmente a partir de la tercera semana de vacaciones.

El impacto del tiempo en la experiencia del viaje

Y eso es exactamente lo que sentí. Tres semanas lejos de la rutina me permitieron algo poco frecuente: sentir de verdad cada lugar que visitaba, sin prisas. Por supuesto, no todo el mundo puede (o quiere) viajar durante tanto tiempo. Pero lo importante no es la duración total del viaje, sino el ritmo al que lo vives.

Por qué dos días no bastan (aunque digan que sí)

Le parecerá que dos días son suficientes para conocer San Francisco. Y técnicamente lo son, si sólo quiere ver los lugares de interés. Pero si quiere sentir la ciudad, descubrir cómo respira, comer bien y entender su alma, dos días apenas bastan.

Pasé allí cuatro días y fue transformador. Había museos, paseos por el parque, restaurantes locales increíbles y esa buena sensación de "estoy aquí de verdad". Y eso, para mí, es el nuevo lujo: tener tiempo.